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Como cada noche de verano, no puedo dormir. A pesar de que son las 03:19 de la noche, que mañana madrugo y que ayer, hoy, o como teóricamente sea, dormí cinco horas -después de una fiehta salvaje, mucho rockabilly y esperas interminables-, para estar bien chusquita toda la tarde delante de una caja registradora. Y ojalá fuera de juguete, porque el pitido constante amenaza con terminar de raíz con mi poca estabilidad emocional (ya no hablar de la cerebral, que ésa se esfumó tiempo ha). Los últimos días han pasado sorprendentemente bien, aunque no era de extrañar dadas las circunstancias. Hay más noticias, indirectamente recibidas -por supuesto-, de ti que nunca. Y yo soy feliz. O cuasifeliz. Mañana me espera un día movido, y una noche aún mejor. Qué sea lo que tenga que ser. Supongo.



Nota aclaratoria: hará escasa media hora he tenido un duelo -cepillo de barrer en mano- con una polilla gamberra. Y sí, ha ganado ella. Ahora habita en mi cuarto y no hay nada que pueda hacer para remediarlo.

1 comentario:

Jdd dijo...

"delante de una caja registradora. Y ojalá fuera de juguete, porque el pitido constante..."

:)